
"Esto es una hamburguesa!" dijo el Pipi mientras observaba su obra maestra. Había estado acomodando cada uno de los ingredientes como quien arma un castillo con cartas. El cuidado que le puso a cada detalle era digno de la perfecta ingeniería alemana de un BMW. Si alguna vez debía estar concentrado, esta era la ocasión. Cada papa frita debia ir en su lugar específico. La rodaja de tomate debía estar bien cortada. El mas mínimo error pondría en peligro toda la operación. Asi fue que lentamente y a traves de su mano firme cada ingrediente fue tomando su lugar dentro de esa unidad gigantesca. Finalmente terminó la insondable tarea pero en su cara no se vió ni un asomo de alegria o satisfacción. Desde un principio sabía que era solo cuestión de tiempo para que su plan se concrete. Asi fue que su hamburguesa por fin tomó forma.
Era realmente enorme y los que estábamos ahi vimos todo el proceso. Nadie quizo decir nada durante esos minutos y todos disimulaban al mirarlo. No queríamos distraerlo pero lo que estaba pasando era demasiado para llamar la atención de todos los que estabamos sentados a la mesa.
Cuando terminó su obra su cara no cambió. Se la quedó mirando fijamente. Ya nadie disimulaba al mirar semejante cosa.
-¿Pipi? ¿Que pasa? - Le dije yo. Mirándolo primero a el y después al Peque que me devolvio la mirada como diciendo " Que se yo que le pasa! A mi no me mires"
-Pipi! Boludo! Te la vas a comer o no? - Le volví a decir.
- Esta es una hamburguesa...no las de Mc Donalds! - Me respondió sin mirarme a la cara.
La tomó entre sus manos sin sacarle los ojos de encima y la puso a la altura de su cara. En ese momento comenzó a reir sin sentido y cada vez mas fuerte. Yo recordé la risa del tipo malo de las peliculas. Un escalosfrio nos corrió a todos por la espalda. El le dió un mordisco y masticando fijó la mirada en la tele. Montecristo estaba por terminar.